Buitres: un pilar ecosistémico

Buitre moteado (Gyps rueppelli), Parque Nacional Serengeti,Tanzania.
Charlie Hamilton James

BUITRES SOBRE MONFRAGÜE

El parque Nacional de Monfragüe se encuentra en Cáceres, norte de Extremadura. Su paisaje mediterráneo de bosque, matorral y dehesa bañado por las aguas del Tajo y el Tiétar da lugar a unas vistas increíbles que no dejan indiferente a nadie.

En una extensión de 17.852 hectáreas este Parque Nacional alberga aves espectaculares como el águila imperial (Aquila adalberti), el águila real (Aguila chrysaetos),el búho real (Bubo bubo) o la cigueña negra (Ciconia nigra), entre muchos otros. Sin embargo ir a Monfragüe será una oportunidad ideal para observar a algunas de las aves carroñeras por excelencia: el buitre leonado (Gyps fulvus), el buitre negro(Aegypius monachus) y el alimoche (Neophron percnopterus).

Parque Nacional de Monfragüe

Muchas personas han oído y visto aves carroñeras alguna vez en su vida, y seguramente la primera asociación mental que se tiene de ellas no está relacionada con algo positivo. Sin embargo lo son, de hecho sin ellas tendríamos problemas sanitarios importantes y se produciría un gran desequilibrio ecosistémico. El estar tan bien adaptadas en localizar y alimentarse de cadáveres consigue evitar la transmisión de enfermedades a otros animales tanto salvajes como domésticos, reduciendo los posibles focos de contagio y aumentando la velocidad de degradación de la materia orgánica en descomposición.

La mayoría de aves carroñeras introducen su cara y su cuello en el interior del animal y se cree quees por eso por lo que sus cuellos son largos y tienen pocas plumas, permitiéndoles acceder mejor a su alimento y evitando que se le adhieran restos de sangre,tripas o heces que perjudicarían su higiene y su salud.

Sin embargo, ¿cómo son capaces de consumir carne putrefacta sin salir perjudicados?

La microbiota de los vertebrados rapidamente comienza a descomponer los tejidos de sus huéspedes tras su muerte, lo que conlleva un secreción de metabolitos tóxicos para la mayor parte de seres vivos.

Los buitres han desarrolado un sistema digestivo muy resistente que actúa destruyendo gran parte de las bacterias que ingieren y por otro lado parecen poseer una tolerancia hacia algunas bacterias que causarían graves enfermedades o incluso la muerte. Esta tolerancia proviene de su propia microbiota, encontrando 76 tipos distintos de microorganismos en su intestino [1] y 528 en la piel de su rostro [1-2].

La identificación de taxones y genes relacionados con insecticidas, fungicidas y antiparasitarios en el microbioma de la piel facial sugiere que pueden existir mecanismos de protección contra posibles patógenos presentes en el cadáver [2]. Además los clostridios y las fusobacterias, patógenos para otros vertebrados, dominan la microbiota intestinal del buitre [1].

Aunque aún no se sabe a ciencia cierta si existe un beneficio mutuo (mutualismo) entre las bacterias que se encuentran en el interior del intestino del buitre y su alimentación, si que parece que su microbiota es una pieza clave en su supervivencia.

[1] Roggenbuck, M., Bærholm Schnell, I., Blom, N. et al. The microbiome of New World vultures. Nat Commun 5, 5498 (2014). https://doi.org/10.1038/ncomms6498

[2] Zepeda Mendoza, M.L., Roggenbuck, M., Manzano Vargas, K. et al. Protective role of the vulture facial skin and gut microbiomes aid adaptation to scavenging. Acta Vet Scand 60, 61 (2018). https://doi.org/10.1186/s13028-018-0415-3

CONSERVACIÓN

Los buitres han sufrido un declive generalizado en sus poblaciones desde hace años debido principalmente a causas antropogénicas. La utilización de cebos envenenados, la colisión con tendidos eléctricos, pérdida o deterioro del hábitat de cría o falta de alimento debido a la obligación de recoger el ganado muerto en el campo, son algunas de las principales causas de su desaparición. Actualmente el alimoche y el quebrantahuesos se encuentran en peligro de extinción en España y el buitre negro como vulnerable, mientras muchas otras especies lo están en todo el mundo.

Hay que entender que su presencia no es un riesgo si no un beneficio que debemos cuidar y proteger, no solo por nuestros intereses sanitarios si no por la necesidad de su existencia en un ecosistema que los necesita.

Un caso real: LOS BUITRES EN INDIA

“En la India la población de los buitres más co­munes –dorsiblanco bengalí, indio y picofino– disminuyó en más de un 96% en tan solo un decenio. En 2003 investigadores del Peregrine Fund relacionaron sin asomo de duda esa mortandad a la administración al ganado de un antiinflamatorio llamado diclofenaco. Prescrito en principio como fármaco humano para la artritis y otras dolencias, en 1993 se aprobó su uso veterinario. A los buitres el diclofenaco les causa un fallo renal: en las autopsias los riñones aparecen recubiertos de cristales blancos.

Esa elevada mortandad llamó la atención por lo sorprendente de sus repercusiones encadenadas. La India es uno de los países con mayor número de cabezas de ganado del mundo, pero la mayoría de los indios no come carne de vaca. Cuando millones de buitres perecieron por envenenamiento, empezó a acumularse ganado muerto. A continuación aumentó en 7 millones el número de perros, que ya no tenían que dispu­tarse la carroña con los buitres, hasta alcanzar 29 millones de animales en 11 años. La consecuencia: unos 38,5 millones de mordeduras de perro más que antes. La población de ratas se disparó. Las muertes por rabia registraron un incremento de casi 50.000 personas, con un coste de unos 31.000 millones de euros en concepto de gastos médicos y salarios perdidos. La comunidad parsi de Mumbai se alarmó al percibir otra novedad: los cadáveres que según su ritual colocan en plataformas de piedra para su «entierro celestial» (en el cual los buitres liberan el alma del muerto para que pueda llegar al cielo) tardaban muchos meses más que antes en desaparecer, pues no quedaban buitres que los devorasen.

Cuando se demostró científicamente que el diclofenaco era la causa de la mortandad de buitres, en 2006 se prohibió su uso veterinario en la India, Pakistán y Nepal. (Si bien todavía se administra al ganado clandestinamente.) Bangladesh hizo otro tanto en 2010, y a mediados de junio de 2015 una coalición de grupos ecologistas instó a la Comisión Europea a prohibir el uso del fármaco en animales. La Comisión todavía no se ha pronunciado.

Sumada a programas de cría en cautividad y muladares para buitres –donde se pone a disposición de las aves salvajes carne procedente de granjas o mataderos–, la prohibición del diclofenaco ha dado sus frutos. Nueve años más tarde el declive del buitre indio se ha frenado y en algunas regiones las cifras han empezado incluso a remontar, aunque la población de las tres especies más afectadas sigue siendo ridícula en comparación con los millones de individuos de antaño.”

Fuente caso real: https://www.nationalgeographic.com.es/naturaleza/grandes-reportajes/buitres-aves-carroneras-con-una-injusta-reputacion_10971/11

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